4 lecciones que aprendí al estudiar y trabajar en Nueva York

Durante tres meses, con mi dupla Ezequiel Scarpini viajamos de intercambio a una de las ciudades más estimulantes del mundo. Estas fueron las lecciones más importantes de estudiar y trabajar en Nueva York.

Los estudiantes de Miami Ad School tenemos una oportunidad única en el mercado publicitario (y, quizás, en el mundo). Durante el segundo año del programa de portfolio, podemos aplicar a intercambios de tres meses en más de 20 ciudades alrededor del mundo. Pero si bien la propuesta está, ni mi dupla, Ezequiel Scarpini, ni yo pensamos que en algún momento la íbamos a aprovechar.

Toda esta aventura empezó una tarde charlando en la oficina de Bernardo, el director de la sede porteña de Miami Ad School. Con Ezequiel estábamos en uno de esos momentos bisagra, en los que sentís que tenés que hacer algo más jugado, vivir una de esas experiencias que te definen para adelante. Pero hasta esa charla, todavía no habíamos encontrado qué podíamos hacer. 

Justo el día anterior habían enviado desde Miami el listado de agencias disponibles para el quarter de verano y así, como quien no quiere la cosa, se sembró en nosotros la semillita de la posibilidad. 

Lo próximo que me acuerdo es que estábamos eligiendo a dónde aplicar. Hicimos mucho research sobre las opciones que estaban disponibles. Londres era una ciudad demasiado cara, Mumbai no iba a ser tan impactante en nuestros currículums y las agencias en Los Ángeles eran todas digitales. El criterio que definimos fue: una ciudad que nos presentara cierto desafío cultural y una agencia tradicional con mucha trayectoria.

Finalmente, la ciudad que elegimos fue Nueva York y la agencia que nos eligió, Ogilvy. 

Mentiría si dijera que sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. Ninguno de los dos había viajado antes en Estados Unidos, ni había trabajado en una agencia de ese tamaño, ni estado en un grupo tan cosmopolita. Todo era demasiado nuevo como para adelantarnos a lo que viviríamos. Y las pocas expectativas que teníamos, sinceramente, no le hicieron justicia a la realidad.

¿Si tuvimos dudas? Sí, miles. Pero nos subimos a ese avión igual; con cuatro paquetes de yerba y dos cajas de alfajores. Y lo volveríamos a hacer de vuelta.

Más allá del crecimiento a nivel personal — que fue impresionante—, aprendimos tanto en Ogilvy que fue un verdadero antes y después en cómo proyectamos nuestras carreras a futuro. Pero hubo cuatro lecciones que fueron claves de estudiar y trabajar en Nueva York, y se pueden aplicar a cualquier agencia, en todas las ciudades del mundo.

#1 Construir un equipo

En Buenos Aires, en Nueva York o en Tokyo, lo más importante siempre son las personas con las que te relaciones. Este viaje no habría sido tan enriquecedor si Emily, nuestra Mamma Goddess en Ogilvy, no nos hubiera dado ese consejo. Lo que aprendas, lo que conozcas y lo que hagas va a depender de ellas. Por eso, a donde vayas, tratá de construir un equipo. Incluso, si vas por sólo tres meses.

Buscá personas con las que puedas generar confianza, que además de darte feedback constructivo, puedan mantener conversaciones interesantes. 

Muchas veces pensamos que un buen equipo es una cuestión de suerte. Y aunque tiene tiene cierto componente azaroso, gran parte es resultado de tu proactividad. De tus ganas de participar, de generar ideas, de correr esa milla extra para que te hagan un lugar en un equipo que, casi siempre, ya está consolidado.

En nuestro caso, la suerte nos jugó muy a favor. Emily, la responsable de jóvenes talentos en Ogilvy, nos asignó como mentores a una dupla de Directores Creativos con raíces latinas: Nicky y Juan. Sin dudas, fueron el mejor match. Aprendimos tanto al estudiar y trabajar en Nueva York con ellos (y lo pasamos tan bien) que cada vez que alguien nos cuenta que va ir a Ogilvy NY, les decimos que los busquen para trabajar con ellos. Que ni lo duden.

#2 Insistir con el feedback

Si no lo hiciste ya, es urgente cambiar el chip de “no quiero molestar” a “me gustaría saber qué opinás”. No dejes que pasen los días y que nadie te diga cómo mejorar en lo que estás haciendo. Ya sea para pulir tu craft en la redacción o en la dirección de arte, o para llevar tus ideas al siguiente nivel.

Como redactora, me costó un montón hacer este cambio escribiendo en un idioma que no era mi primera lengua. Tenía la sensación de que no le encontraba la vuelta a la jerga norteamericana y que la estaba haciendo perder el tiempo a mi mentora. Hasta que Nicky me dijo exactamente lo contrario: que siempre encontraba ideas útiles o pensamientos interesantes en mis copies. El alivio que sentí fue enorme. 

A partir de ahí, me sentí más segura y traté de aprovechar esa oportunidad para soltar la mano. Me animé a probar cosas que en español jamás hubiera podido escribir. En cada una de sus devoluciones, Nicky me ayudó a escribir mejor y a construir esa confianza tan necesaria en lo que estaba haciendo.

En definitiva, la única manera de mejorar tu redacción o tu dirección de arte es que otra persona te comparta su punto de vista sobre lo que estás haciendo y sobre lo que espera que hagas. Hacé preguntas, llevá varias opciones y mostrá también esas ideas que sentís que todavía no están. Nunca se sabe en qué se pueden convertir cuando el otro le suma su creatividad.

#3 Mantenerse Junior

A las semanas de que estábamos en Ogilvy, nos presentaron a Lavinia. Era de la oficina de Milán y estaba haciendo un intercambio en Nueva York. Nos dijeron que, como se quedaba sólo un mes, iba a estar colaborando en los distintos equipos creativos de la agencia. 

Durante esas semanas, trabajamos juntas en varios briefs y aprendí de ella esta lección que me parece una de las más importantes: siempre, no importa el puesto en el que estés ni el tiempo que hayas estado en la industria, seguí trabajando con el entusiasmo, la pasión y la curiosidad del primer día. 

Es muy común sentir que, como creativos, tenemos que construir una identidad con lo que ya sabemos, lo que ya hicimos y el estilo que ya desarrollamos. Que ese es nuestro punto de llegada. Pero también, se puede volver un lugar del que es muy difícil salir.

Si querés crecer como creativo, la única constante es la incomodidad. 

Cuando nos despedimos de Lavinia, su “piece of wisdom” fue que no nos quedáramos quietos y que le dedicáramos tiempo a aprender herramientas nuevas. Sobre todo, esas que nos parecían imposibles antes de ir a estudiar y trabajar a Nueva York. A la semana siguiente, ella estaba de vuelta en su puesto de ECD en Italia para seguir liderando una de las cuentas más relevantes de ese mercado.

#4 Volverse relevante para alguien

Esta industria es tan chica que, a dónde vayas, siempre vas a encontrar alguna persona que también conozca a alguien en el lugar en el que estuviste antes. Por eso, es importante evitar ir por la vida pasando inadvertidos o sintiendo que a las personas les molestan tus consultas. 

Cuando te vayas de una agencia, por lo menos una persona se tiene que acordar de vos. A alguien le tenés que poder escribir pidiéndole un consejo sobre tu carrera, su opinión sobre un proyecto personal o una carta de recomendación. Con alguien tenés que seguir en contacto.

Nosotros seguimos colaborando con los proyectos personales de otros chicos de la Miami alrededor del mundo. Aunque no nos veamos en persona desde ese quarter, nos seguimos aconsejando sobre agencias y ciudades. Después de estudiar y trabajar en Nueva York, seguimos en contacto con Nicky, Juan y Emily. Y, ahora que estamos en Madrid, sin duda organizaremos una escapada a Milán para visitar a Lavinia.

La creatividad es un oficio hecho por y para personas. Más que en cualquier otro tipo de trabajo, los vínculos que se forjen y el ambiente son claves para generar buenos resultados. Por eso, más que forzar las recomendaciones o la cantidad de contactos, aprovechá las oportunidades para colaborar con otros y agregar valor desde quien sos. Que se vuelva personal.

Pero, como todo, es más fácil decirlo que hacerlo. Lo más revelador de hacer un quarter away fue descubrir que los límites los pone una. A dónde vayas, sos siempre vos lidiando con vos misma y decidiendo cuánto esfuerzo le vas a poner. Cuánto estás dispuesta a correr los límites de tu mundo y cuánto estás dispuesta a aprender.

No existe una fórmula única, ni una sola manera de vivirlo. En lo que sí coincidimos con todas las personas que han hecho esta experiencia es en que no volvés igual.

Si volvés.

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